martes, 28 de septiembre de 2010

Feminismo lésbico

El feminismo lésbico es un movimiento cultural y una perspectiva crítica que se hizo popular en la década de 1970 y principios de 1980 (principalmente en Norteamérica y Europa occidental). Este movimiento cuestiona la posición de las mujeres y los homosexuales en la sociedad. Algunas de sus pensadoras y activistas principales son Rita Mae Brown, Adrienne Rich, Audre Lorde, Marilyn Frye, Mary Daly, Sheila Jeffreys y Monique Wittig (aunque a ésta última se le asocia más con el surgimiento de la teoría queer).

A pesar de que históricamente el lesbianismo ha gozado quizá de una relación íntima con el feminismo y los proyectos feministas (desde por lo menos la década de 1890), el feminismo lésbico se contextualiza mejor como un movimiento que surge del anterior a raíz de la insatisfacción con la segunda oleada feminista y el movimiento gay a principios de la década de 1970. A finales de esta década, el feminismo lésbico contituye un campo de investigación dentro del ámbito académico, aunque limitado en su mayor parte a las disciplinas feministas.

Al igual que el feminismo, los estudios de lesbianas y gays y la teoría queer, el feminismo lésbico se caracteriza por la revisión y debate. Sin embargo, un elemento clave del mismo es el análisis de la heterosexualidad como una institución. Esto parte de, y muestra un, enfoque histórico de la "homosexualidad" como objetivo de escrutinio, especialmente sus orígenes. Los textos feministas lésbicos intentan desnaturalizar la heterosexualidad, y una vez hecho esto, plantear hipótesis sobre sus "raíces" en instituciones tales como el patriarcado, el capitalismo y el colonialismo. Además, las feministas lésbicas abogan por el lesbianismo como un resultado racional de la alienación e insatisfacción con estas instituciones.  




Ideas principales

Se debe distinguir entre el feminismo lésbico como perspectiva crítica y el feminismo lésbico como movimiento cultural. Ambos cuestionan la posición de las lesbianas, hombres gays y mujeres en la sociedad, pero ofrecen diversas estrategias diferentes. Además, este último es bastante más específico. Sheila Jeffreys (2003:19) por ejemplo define que el feminismo lésbico tiene siete temas clave:

  • Énfasis en el amor de una mujer por otra mujer
  • Organizaciones separatistas
  • Comunidad e ideas
  • Idea de que el lesbianismo trata sobre elecciones y resistencia
  • Idea de que lo personal es lo político
  • Rechazo de la jerarquía en la forma de role-playing (juego de roles) y sadomasoquismo
  • Crítica de la supremacía masculina que erotiza la desigualdad.

Se debe constatar sin embargo que
Jeffreys es una figura muy controvertida no sólo fuera, sino también dentro del movimiento feminista lésbico. Ha recibido críticas, entre otras cosas, por ser demasiado específica en sus criterios. Sin embargo, es un punto de partida útil.


Biología, elección y constructivismo social

Como se ha descrito arriba, el feminismo lésbico situa el lesbianismo como una forma de resistencia a las instituciones "hechas por los hombres". La orientación sexual se entiende como una elección personal, o por lo menos como una respuesta consciente a una determinada situación. De hecho, podría argumentarse que el feminismo lésbico dio pie, si es que no estableció la base, para que la teoría queer señalara que la sexualidad está especificada culturalmente.

De hecho, el feminismo lésbico se entiende como una estrategia feminista que permite a las mujeres invertir sus energías en otras mujeres, creando nuevos espacios y diálogo sobre las relaciones entre mujeres, y también, que permite usar más tiempo para evadir a los hombres.



Separatismo


El separatismo es una estrategia principal del feminismo lésbico, y quizá la más polémica. En su forma más extrema, se propone el genocidio masculino como estrategia para conseguir la emancipación de las mujeres, como por ejemplo en el manifiesto SCUM de Valerie Solanas. Este es lógicamente un punto de vista minoritario y aislado, pero sin embargo ha generado bastante literatura e investigación sobre si los hombres son realmente necesarios. Algo de esto se enfoca a temas de reproducción, por ejemplo partes del texto clásico de Mary Daly (Gyn/Ecology). Otros enfoques exploran las historias de violencia masculina, e incluso otras los genocidios históricos perpetrados contra grupos de mujeres. La brujería sería el ejemplo más obvio, pero también se puede hacer referencia a aspectos más generales y variados como la preferencia de descendencia masculina a lo largo de la historia de la Humanidad.

Por otra parte, las feministas lesbianas han situado el separatismo como algo que se da generalmente y han explorado la mitología que lo rodea. El ensayo de 1978 de Marilyn Frye, "Notes on Separatism and Power" (Apuntes sobre el separatismo y el poder) es un ejemplo de esto. Frye señala que el separatismo es una estrategia empleada por todas las mujeres, en algún momento, y que está presente en muchos proyectos feministas (se podrían citar por ejemplo los refugios para mujeres, las cuotas electorales o los programas de estudios para mujeres). Argumenta que únicamente cuando las mujeres lo realizan conscientemente como una separación de los hombres, es cuando se trata de manera controvertida (o, como ella sugiere, con histeria).

El separatismo masculino, por otra parte, se percibe como algo normal, incluso lógico (por ejemplo, los clubes de caballeros, las uniones laborales, los equipos deportivos, el ejército y, más debatido, los puestos de toma de decisiones en general).

Otras feministas lesbianas proponen la noción del "separatismo táctico" de los hombres, argumentando a favor e invirtiendo en cosas como santuarios para mujeres y grupos de toma de consciencia, pero también explorando prácticas de la vida diaria a las que las mujeres puedan acudir temporalmente para descansar o practicar estar solas y lejos de los hombres y la masculinidad.



La Mujer Identificada con la Mujer

Si se pudiera establecer el nacimiento del movimiento feminista lésbico en un momento determinado, probablemente sería en mayo de 1970, cuando el grupo activista Radicalesbians, compuesto por 20 lesbianas lideradas por la novelista lesbiana Rita Mae Brown, tomaron el mando en una conferencia de mujeres en Nueva York (el Congreso para unir a las mujeres, al que no habían sido invitadas): subieron al escenario, se pusieron en fila llevando camisetas iguales en las que se leía Lavender Menace (La amenaza violeta) y exigieron el micrófono para leer a las 400 personas del público su ensayo The Woman-Identified Woman (La mujer identificada como mujer), que establecía los preceptos principales de su movimiento.

Curiosamente, y contrariamente al mito popular de 'marimachos, mujeres que odian a los hombres', las feministas lésbicas rechazaron desde el primer momento la masculinidad de las mujeres. Se percibía como intentar ser hombres 'por la puerta de atras' (y esto se ha demostrado de manera patronizadora en la literatura, como han argumentado algunas académicas queer). En el mejor caso, se interpreta como intentar engañar con respecto al género, y en el peor caso, como intentar apoyar de manera consciente las formas más violentas de la masculinidad masculina. Jeffreys (2003:13) señala de manera inequívoca que "todas las formas de masculinidad son problemáticas."

Ésta es una de las áreas en las que el feminismo lésbico difiere de la teoría queer, que se puede quizá resumir en la frase humorística de Judith Halberstam: "Si Sheila Jeffreys no existiera, Camille Paglia tendría que haberla inventado." 



Tensiones con la teoría queer

Se puede argumentar que muchos proyectos feministas lésbicos se enmarcan dentro de los estudios y teoría queer, pues muchas de sus intelectuales, tales como Judith Butler, Judith Halberstam o Gayle Rubin, si no son "feministas lésbicas", desde luego son lesbianas, feministas, y buscan respuestas a las preguntas sobre el género y la sexualidad.

Barry (2002) sugiere que al elegir entre las posibles alternativas (feminismo lésbico y/o teoría queer) uno se debe plantear qué es lo más "fundamental en la identidad personal," si el género o la sexualidad. 



Sobre el BDSM, violencia sexual y la pornografía

Como su enfoque es la igualdad completa en las relaciones sexuales, el feminismo lésbico se opone a todas las formas de BDSM. Además, el feminismo lésbico combate contra las conductas agresivas contra las mujeres.



Sobre lo transgénero

Las opiniones varían aquí, pero hay un canon específico en el feminismo lésbico que rechaza lo transgénero, transexual y lo travesti, al entender que, las personas trangénero intentan engañar sobre su género (o funciones si se entiende como mutilación); o al entender, en la versión más fuerte, que intentan apoyar las normas tradicionales (se podría decir que violentas) de género. Obviamente, esta es una postura intensamente controvertida.

En ocasiones se asocia al feminismo lésbico en contra de los procesos de reasignación de sexo, ya que algunas feministas lésbicas lo ven como una forma de violencia parecida al sadomasoquismo.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Ecofeminismo


De la filosofía ecofeminista actualmente existen varias tendencias, algunas de corte esencialista y otras constructivistas. Por lo tanto, es difícil resumir sus premisas. No se puede hablar de ecofeminismo sino de ecofeminismos en plural.
El ecofeminismo nació como contestación a lo que desde ese movimiento definen como «apropiación masculina de la agricultura y de la reproducción» (es decir, de la fertilidad de la tierra y de la fecundidad de la mujer), lo cual consideran una consecuencia del desarrollismo occidental de tipo patriarcal y economicista. Virginia Henderson (Londres, Inglaterra 1897 - Kansas, Estados Unidos, 1941) fue la socióloga que desarrolló las principales ideas de este movimiento que defiende las características intrínsecas e inherentes a toda mujer. Según el ecofeminismo, la apropiación a que nos referimos un poco más arriba se habría traducido en dos efectos perniciosos: la sobreexplotación de la tierra y la mercantilización de la sexualidad femenina. La escritora Gisella Marziotta ha sugerido que tales nociones sólo pueden considerarse como meras hipótesis reguladoras de la razón, inconsistentes históricamente, en las cuáles existiría una especie de "Estado de Naturaleza" (a la manera de la especulación política de la filosofía Moderna) caracterizada por el celo sexual universal, siendo el hombre, por su complexión física, el dominador resultante del conflicto y el instaurador de los valores fundamentales de la organización social. Esta idea también sugiere explicar el origen de la prostitución como la cosificación del placer canjeable por la seguridad que ofrecía el patriarca, además de los bienes industriosos consecuentes de las mejores posibilidades físicas de que disponía el hombre para manipular la Naturaleza, así como las propias para la caza exitosa. Esta concepción se entronca no sólo con la visión explicativa del orden por los modernos, sino también con la visión freudiana de la cultura. 

Esquematizando mucho, algunos diferencian dos corrientes:
  • El ecofeminismo cultural, con Andrea Sikermaw como principal ponente y que se centra en las diferencias biológicas entre hombres y mujeres y establece un vínculo idealista entre la mujer y la naturaleza debido a la posibilidad de las mujeres de dar a luz. Este enfoque es harto especulativo, y parece albergar implícitamente una concepción naturalista de las convenciones, es decir, de las leyes que deberían regular por naturaleza el accionar vital de la mujer, lo cual es paradójico.
  • El ecofeminismo social, contiene una clara tendencia unificadora del movimiento feminista, la condición sociobiológica y cultural de la mujer y la reivindicación de valores de los que la mujer es según esta tendencia: portadora social; con Magdalena Acuña Trejo y Martha Riofrío Bueno como principales ponentes y que relaciona la opresión que sufren las mujeres con el deteriorio de la naturaleza, y señala que los valores patriarcales son los productores de ambos problemas. Como solución defienden la reivindicación de valores que consideran femeninos. El ecofeminismo social ha ejercido influencia sobre algunos partidos. Este paradigma de análisis tiene claras reminiscencias del teorizar marxista, pero con la modificación basal de suponer que no sería el modo de producción la causa de la alienación, sino simplemente la imposición histórica del patriarcado en las diferentes formas de organización social.

Argumentos comunes

  • En primer lugar, el ecofeminismo señala que en el orden simbólico patriarcal existen conexiones importantes entre la dominación y explotación de las mujeres y de la naturaleza, aunque dicha relación se interprete de manera distinta de acuerdo con cada enfoque ecofeminista.
  • En segundo lugar, el ecofeminismo denuncia la asociación que el patriarcado establece entre las mujeres y la naturaleza. Para ello argumenta que la biología de las mujeres, su cuerpo (característica que las capacita para gestar y crear vida) hace que estas estén en una posición de mayor proximidad a la naturaleza, lo que permite su identificación con ella. Según este enfoque, los hombres, guiados por la razón, en oposición a la intuición femenina, pertenecen al mundo de la cultura. Por su capacidad para controlar y transformar la naturaleza, la cultura se considera superior a la naturaleza. Los binomios mujer-naturaleza y hombre-cultura y la superioridad de la cultura sobre la naturaleza en el patriarcado explican que las mujeres sean consideradas inferiores a los hombres.
  • En tercer lugar, el ecofeminismo considera que la dominación y explotación de las mujeres y la dominación y explotación de la naturaleza tienen un origen común, lo que sitúa a las mujeres en una situación privilegiada para acabar con dicha dominación. 

Propuestas centrales:

Por último, el ecofeminismo propone que el movimiento feminista y el movimiento ecologista tengan objetivos comunes (la igualdad de derechos, la abolición de jerarquías, etc.) y deberían trabajar conjuntamente en la construcción de alternativas teóricas y prácticas, como ya se ha producido anteriormente. No debemos olvidar la experiencia de las mujeres de Greenham Common que durante años se opusieron a la base militar americana con misiles nucleares con el mismo nombre en Inglaterra; las mujeres del movimiento Chipko en el Norte de India, que desde principios de los años setenta se opusieron mediante resistencia no violenta a la explotación comercial de los bosques del Himalaya o la campaña Laxmi Mukti, también en India, promovida por mujeres y que se propone conseguir el acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra y, a la vez, la promoción de un sistema de producción agrícola más ecológico en oposición al modelo de la revolución verde predominante en el país.


miércoles, 15 de septiembre de 2010

Feminismo de diferencia

El feminismo de la diferencia nace a mediados de los años 70 en Estados Unidos y Francia. Provenía de grupos feministas radicales, y, con su lema ser mujer es hermoso, abogaba por identificar y defender las características propias de la mujer. Consideran que los hombres son, por naturaleza, agresivos, guerreros y depredadores, y por tanto, las mujeres no deben entrar en ese juego e intentar imitarlos.




Una de sus teóricas fue una italiana, Carla Lonzi. Carla afirmaba que "la meta de la toma del poder es totalmente vana". Y la francesa Luce Irigaray consideraba inútil o incluso nocivo empeñarse en obtener la "igualdad". Es imposible, según esta teoría, crear una identidad propiamente femenina, y a la vez destruir el mito de la mujer. Las teóricas debaten entre ellas, y muchas veces llegan al extremo de no reconocerse unas a otras como feministas. Hay feministas diferencialistas que relacionan la identidad femenina con la teoría de los arquetipos de Jung; es el caso de Esther Harding.



El feminismo de la diferencia tuvo muchas seguidoras en Francia e Italia. En Italia el feminismo de la diferencia se desarrolló principalmente en torno a la Librería de las Mujeres de Milán; algunos textos de dicha librería fueron enormemente polémicos, como uno en el que recomendaban a las mujeres no acudir a los tribunales de justicia en el caso de que sufrieran agresiones, por considerar que la justicia es masculina. En España la feminista de la diferencia de más relevancia ha sido Victoria Sendón de León, aunque en la actualidad no se considera perteneciente a esa escuela, sino a la del feminismo integral. Asimismo el centro social La Eskalera Karakola se inscribe dentro del feminismo de la diferencia.



El feminismo de la diferencia diverge del feminismo de la igualdad, pues éste considera que la masculinidad y la feminidad son roles de género construidos socialmente con los que hay que acabar. En cambio, el feminismo de la diferencia propone una invención constante del significante que es el cuerpo separado del mandato cultural hecho por patriarcado (el género).